JW Marriott Bogotá sumó a su portafolio gastronómico Factory Steak & Lobster, un nuevo espacio en la Zona G que conecta fuego y mar en una propuesta diseñada para el turismo de experiencias. Para agencias, operadores y el segmento MICE, la apertura se convierte en un activo diferenciador para programas de alto valor en la capital.
El restaurante funciona como una experiencia inmersiva: parrilla a la vista, cortes preparados frente al comensal y una narrativa sensorial en cada plato. Entre las opciones destacan el Tomahawk de 900 gramos servido sobre piedra de sal del Himalaya y la langosta de San Andrés cocinada en Josper, pensadas para viajeros que buscan experiencias culinarias únicas.
“Con Factory Steak & Lobster buscamos ir más allá de abrir un restaurante: queremos darle a Bogotá un espacio donde la cocina a la parrilla y los sabores del mar dialoguen de frente”, dijo Thane Kuhlman, gerente general de JW Marriott Bogotá.
El espacio se proyecta también como venue para cenas corporativas, incentivos y pequeños grupos. El servicio se plantea como guía gastronómica con recomendaciones de sales exóticas, vinos y maridajes personalizados. Incluso la ensalada César preparada en mesa funciona como ritual de bienvenida que refuerza el storytelling de la experiencia.
“En Factory Steak & Lobster no se trata solo de cocinar, sino de crear momentos”, señaló Maurizio Di Munno, chef ejecutivo de JW Marriott Bogotá. El enfoque responde a la tendencia internacional de gastronomía experiencial como motor de atracción turística, fortaleciendo a Bogotá como destino urbano competitivo en la región.
La cava, con más de 200 etiquetas internacionales —procedentes de Australia, Suráfrica, California y Mendoza—, abre oportunidades de maridajes temáticos y co-branding con destinos vitivinícolas. Para hoteles, touroperadores y aerolíneas, esta diversidad amplía el potencial de integrar la experiencia en paquetes combinados de viaje y gastronomía.
Con servicio de lunes a sábado, de 12:00 pm a 11:00 pm, Factory Steak & Lobster se integra a la dinámica de la Zona G como hub gastronómico. Su propuesta se adapta tanto al viajero corporativo como al leisure premium que busca inmersión cultural a través de la cocina.


